La inocencia perdida

¿Qué pasa los chavales? ¿Cómo va la vida? Me he tirado unos días pensando qué carajos escribir. La cuestión es la siguiente: necesitaba un espacio donde poder volcar mis frustaciones y mis encantos personales (que alguno tengo) más allá de los videojuegos.

No, no os asustéis, evidentemente voy a hablar aquí de videojuegos, y mucho, concretamente de PSX. Al igual que en el canal de Youtube voy a hablar de la gris de Sony. En redes hablaré de lo que me salga del tal.

Pero vamos al turrón, el título del post es muy interesante. Interesante porque no tendréis ni puta idea de qué os voy a contar pero sí, vamos a hablar de videojuegos. Los que me seguís desde el principio (empecé con Twitter y seguí con Youtube, hasta aquí) sabréis más o menos de qué pie cojeo. Pues bien de este pie cojeo y mucho, tanto es así que he pensado en hacer una serie en el canal sobre este grandísimo olvidado. Y no hablo de otro que de Heart Of Darkness.

No es un juego que en su época lo petase. Todos los que lo hemos jugado tenemos una grata sensación de nostalgia cuando pensamos en él, pero lo cierto es que nos acordamos vagamente, normalmente cuando alguien nos lo recuerda. Y lo digo yo, que me tiré horas y horas y horas jugándolo para al final, no sé por qué, borrarlo de mi disco duro mental.

El juego fue lanzado en julio del 98, año de enormes videojuegos, uno de los mejores años de todos los tiempos en cuanto a lanzamientos. Quizás es fue el problema, fue absolutamente opacado por los grandes mastodontes de la industria. Desarrollado por Infogrames e Interplay, por lo general tuvo buenas críticas sin más. ¿Entonces, por qué cuando lo recuerdo pienso en él como uno de los grandes juegos a los que jugué?

Muy sencillo. El juego pintaba algo así como un juego de lo más inocente e infantil. Por eso lo compró mi madre. Yo tenía unos 12 años más o menos pero era un niño muy inocente para esa edad. De los que se peinaban con raya, jugaban al fútbol y a las 9 y media en la cama que mañana había cole. De hecho todavía jugaba con muñecos de acción, llámalos He-Man, Power Rangers o las figuritas del McDonald’s. Todo me valía porque imaginación me sobraba. Y que normalmente prefería un videojuego a otra cosa.

Pues bien, mi madre me compró un juego inocente para un niño inocente. Todo empezaba, más o menos, dentro de esta lógica. Un niño, Andy, al que unas sombras extrañas y de diferentes formas raptaban a su perro y tenía que rescatarlo. Dos cd’s, personajes muy variopintos (aaamiiigoo), escenarios muy coloridos, enemigos oscuros y con movimientos muy variados, un plataformas normal de toda la vida.

La cosa pintaba bien…hasta que me mataron por primera vez. Las muertes de este juego no cuadraban con el concepto del juego en sí. Mientras en clásicos como Mario o Sonic las muertes son muy suaves, por decirlo de alguna manera, aquí teníamos de todo. Podías ver como las sombras se comían los intestinos del chico, como uno de los bosses lo enganchaba de un mordisco y le arrancaba de cintura para abajo, podías ver como moría ahogado mientras pataleaba desesperado…Y así de mil formas más. Aplastado contra la pared, quemado dejando solo una zapatilla, devorado por un monstruo gigante mientras su pierna cuelga de una liana; pero para mi la más escalofriante tiene al gusano como protagonista. Mientras escalas una pared, un gusano va haciendo agujeros a tu alrededor intentando cazarte…hasta que lo consigue. Ves como introduce a nuestro protagonista en el agujero mientras patalea sin cesar, de hecho solo ves sus piernas. Hasta que escuchas un crujido y las piernas caen a plomo terminándose de introducir dentro del agujero del gusano. Eso si que no se me olvidó.

No hay sangre, no hace falta. Muchas veces nos quejamos de la sobrexposición a la sangre a la que estamos acostumbrados niños de muchas generaciones, hoy en día incluso más. Pero esto era todo lo contrario, era una genialidad. El gore sin la sangre, dentro de un mundo inocente, lleno de color, un niño que va en busca de su perro perdido (que por cierto, se llama Wiscky, muy inocente también).

A eso se une la dificultad del mismo. No es un juego excesivamente largo pero si bastante difícil. Lo que equivale a muerte tras muerte tras muerte. Recuerdo que no pasaba nada, no había vidas que gastar. Si te pillaban, se acabó y vuelta a empezar la pantalla, así hasta que te aburrieses. Pero como digo la dificultad era muy alta y veías morir a Andy de muchas maneras. Al principio desesperaba. Pero algo muy en el fondo de tí disfrutaba viendo las diferentes formas de morir del chico. Es más, cuando te enfrentabas a un enemigo nuevo, casi que te lanzabas a sus brazos. Sin mirar, como si se tratase de un despiste. Solo para ver, de qué macabra manera acababa con el protagonista.

El problema real era ese. Y por eso no podías dejar de jugar. Era un aliciente. Y tu cabeza explotaba con cada pantalla, cada enemigo, cada miembro mutilado, cada Andy chamuscado. Era la esencia del videojuego, querer seguir, querer descubrir. Y sin embargo era también todo lo contrario, también querías morir.

Por todo esto es un juego tan especial. Uno que se clava en el subconsciente como una película que sabes que te gusta ver aunque sepas que no debes. La olvidas en su momento, ocupas el espacio con otras cosas, con otros problemas. Pero realmente nunca se fue. Sigue ahí esperando a que alguien te lo recuerde. Así es Heart of Darkness. Y si, voy a ponerme a jugarlo ahora mismo. Gracias por recordármelo Miguel.

¡Hasta el siguiente post!

Fuente de las fotografías: Youtube

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